Nuestra historia
Acompañame mientras relato este año con algunos momentos
Todo empezó con un “estoy en una cena”, dando luz verde para continuar con nuestra cena en Lampuga; me invitaste al teatro, mientras yo reía como foca, tú pensabas cual sería el mejor momento para “cortarme”; El Califa fue el lugar elegido. Todo terminó, y en un abrir y cerrar de ojos, estábamos planeando el siguiente encuentro. Fuimos al cine, no te dejé más opción que darnos nuestro primer beso, nos fuimos de Hike, conociste a mis amigos y me dejaste viendo estrellas (por decirlo de forma decente). Decidimos ir a jugar Petanca, un plan tranquilo, y un par de cubas y negronis después, estábamos teniendo nuestra primera noche de reflexión en la terraza del Santuario. 3 semanas fueron suficientes para darme cuenta que a tu lado estaba mi futuro, y no iba a dejar que te me escaparas. Un 23 de octubre de 2021, dimos el gran paso, dejando que el destino se encargara del resto.

Logramos concretar nuestro primer viaje juntos, sin tener que mentirles a tus papás, y desde ese momento, rompimos una barrera que nos permitió empezar a crear nuestro camino; decidimos mostrarnos al mundo como la nueva pareja sensación, desde la cima de la Peña de Bernal.

Llegó el gran día, tu cumpleaños. Semanas de sufrimiento para no defraudarte, y estar a la altura de las circunstancias; espero haberlo hecho. Después de un fin de semana de cenas, regalos, mariachis y amor, mucho amor, llegaba la gran prueba de fuego, Argentina. Nos vimos inmersos en una situación complicada; lo que serían dos semanas de separación se convirtió en un mes, casi el mismo tiempo que llevábamos juntos. A pesar de todo, logramos mantener la llama encendida, y demostramos que íbamos en serio, que podíamos con eso y más. Regresé, no podías creer lo que veías, parecía como si estuvieras frente a un fantasma. Nos abrazamos y poco a poco regresó todo a la normalidad. Sumamos un nuevo hike a nuestro historial, el Nevado de Toluca, y un par de semanas después, celebrábamos nuestro primer San Valentín, llevando nuestro amor a 3 metros sobre el cielo.

6 meses. Tan rápido como emocionante, y que mejor que festejarlo con una limonada. Nada más que decir.

¿Creías que iba a dejar nuestros 6 meses con ese único recuerdo? Acapulco, allá vamos. Que mejor que una escapada romántica al bello puerto. Si tan solo alguien nos hubiera visto ese día en la playa, siendo la mejor versión de nosotros, platicando de la vida, viendo el mar, dejando que el alcohol y el amor corriera por nuestras venas. Por si fuera poco, días después tocaba cobrar uno de los regalos de cumpleaños para ir a ver a tu grupo favorito, IL Divo. Vaya que estábamos disfrutando la vida.

A olvidarse de las olas y música un rato; tocaba centrarse en el primer gran objetivo deportivo del año: el Centenario, o bien, la Champions para los mortales. Aunque llevaba dos años seguidos ganándola, esta era especial, ibas a estar en las gradas, como lo estuviste haciendo desde el primer momento en el Alemán. Empezó mejor de lo que pude haber imaginado, dedicándote uno de los mejores goles de tiro libre que el fútbol ha visto jamás. Voltear y verte aplaudiendo y sonriendo (mientras tirabas el celular por festejar el gol) fue una sensación que no puedo explicar. No se me ocurre una postal más perfecta.
6 partidos después, llegó la tercera, con la diferencia de que estabas ahí, esperándome con los brazos abiertos mientras corría hacía ti con una felicidad desmedida. Podría contar esta anécdota de mil maneras, pero debo continuar con nuestra historia de amor.

El título venía con una lesión que no imaginábamos la gravedad que alcanzaría, pero a pesar de sentir cómo el dolor empezaba a hacerse presente, era el inicio de los playoffs en el Club Alemán, el gran objetivo del año, la única copa que faltaba en la vitrina, la que se había convertido en una obsesión. Y cómo no podía ser de otra manera, ahí estabas una vez más, habías ido a todos los partidos de la temporada, te levantabas temprano para ir a verme y apoyarme, a veces eras la única en las gradas, pero la sonrisa no te la quitaba nada ni nadie, y la mía, simplemente viéndote ahí sentada, menos. Después de unos cuartos de final de infarto, pasando gracias a la posición en la tabla, y una semifinal muy peleada, pasamos a la final. La primera que me tocaba jugar desde que entré al equipo, y coincidía con el año en que te conocí, mi amuleto de la suerte. El dolor ya era intenso, pero hay veces que el corazón puede más, y lo único que pasaba por mi cabeza era no decepcionarte, quería correr una vez más hacia tus brazos con el objetivo cumplido. Gol dedicado y una voltereta épica con gol de último minuto, sin duda el final soñado. El resto es historia, si intentara describir lo que vivimos ese día, no le haría justicia. Uno de los días más felices de mi vida a tu lado.

Lo que se veía lejano, de un día para otro se volvió realidad; firmabas el contrato que te convertiría oficialmente en una chica independiente. Fue amor a primera vista, como el nuestro, y desde que entraste en el Templo por primera vez, sabías que ese era el indicado para empezar esta nueva aventura. Estabas dispuesta incluso a perder el dinero que habías dado para la investigación en el otro, nada te iba a impedir conseguirlo, y hoy, un par de meses después, puedes mirar atrás tranquila sabiendo que es la mejor decisión de tu vida. Dejaste el nido sin saber qué te esperaba, cómo iban a reaccionar tus papás, o si era el momento adecuado; tenías miedo, pero lo afrontaste y lo venciste, y hoy tu paz mental te lo agradece, y estás en camino de ser la mujer que siempre quisiste. Me llenaste de orgullo, cómo lo haces en cada paso que das de tu vida.

Pasado ese estrés, incertidumbre y desahogo de qué por fin se concretará, te sumergías en otro inmediatamente: mis inevitables 30. Pero estabas tan tranquila, tan calmada, que no había dudas que ibas a hacer de este día el mejor de todos, y así fue. Que día, inexplicable, lleno de emociones, regalos, sonrisas, sorpresas, y lo que nunca falta y nos representa: amor, mucho amor. Y bueno, pasados los festejos con la familia y como no podía de ser de otra manera, llegó la fiesta, y vaya que lo hicimos valer.

Los 30 seguían retumbando, pasaban los días y no parecían terminar, esta vez cumpliendo un sueño; ahí estábamos, conviviendo con Alex, el pingüino mexicano, y será un recuerdo para toda la vida, gracias a ti.

Era momento de dejar el frío del Acuario para pasar al calor de Mérida. Pensar que lo que más disfruté de ese viaje no fueron las pirámides, el centro (preocupante sería si esto fuera), la marquesita que tanto busqué, el cenote sagrado, o el cuarto de la Hacienda, el cual debería estar por encima de las pirámides como maravilla del mundo, sino el roadtrip a Chichen-Itzá. Tú, yo, la carretera y el paisaje, cantando y pensando lo afortunados que éramos; Adam Sandler, en Happy Gilmore, en los momentos malos y cuando necesitaba concentrarse para lograr el tiro perfecto, se olvidaba de todo lo que lo rodeaba y pensaba en su “Happy Place”, ese lugar y momento donde todo era perfecto, donde se sentía seguro y pleno. Puedo decir con total seguridad que, en mis tiempos más obscuros, llevo mi mente a ese día, a ese lugar, a ese momento, y sé que todo estará bien

A este punto uno pensaría “imagino que ya no hay más que contar, parece una historia de 10 años”. Agárrense los cinturones, que el viaje apenas empieza. Fueron casi 7 meses de espera, de ansiedad, de imaginar lo qué iba a ser; una vez más aparecía Argentina como la gran prueba de fuego, por si no creen en el destino. Ibas a conocer por fin al resto de mi familia, mi país de origen, y quería que todo fuera perfecto. Mientras yo me estresaba intentando planear a detalle cada paso a ejecutar, tú dejabas que todo fluyera. Parecía como si lo tuvieras todo controlado, como si tuvieras una bola mágica y supieras de antemano que no teníamos que preocuparnos por nada, que todo estaba puesto para vivir la experiencia de nuestras vidas. Y una vez más, así fue. Hoy miro atrás y me pregunto cómo es que me preocupé tanto, si con el simple hecho de tenerte a mi lado era suficiente para no necesitar nada más. Como no podía de ser de otra manera, te ganaste a mi familia desde la primer sonrisa; siempre abierta y dispuesta a cualquier plan, así fuera sentarse a tomar mate o jugar cartas con la tía, nunca te quejaste. Me han preguntado muchas veces si me gusta bailar, y la respuesta siempre fue no, hasta que te conocí, y hoy lo único que quiero es seguir bailando a tu lado por el resto de la vida.

Pasó tan rápido que 10 días parecieron 2. Conocimos a la heredera, un verdadero angelito, y fuimos remolcados por el huracán Santiago. Visitamos una de las maravillas del mundo natural, que lugar tan impactante; vivimos la fiesta de despedida de uno de los mayores ídolos del equipo de mis amores, comimos como si no lo hubiéramos hecho en mucho tiempo, aprendimos el baile representativo y recorrimos hasta donde las piernas aguantaron. Quería que nunca acabara, quería seguir viviendo en esa realidad alterna, pero todo termina, y solo queda darte las gracias, gracias por tu actitud, disposición y cariño, por tu energía y comprensión, pero lo más importante, por ser la persona que eres. Somos muy afortunados por tenerte en la familia.

90km y un sinfín de historias después, volvimos a casa. Teníamos una semana para recuperarnos antes de otro evento muy esperado, la boda. Decidimos que lo mejor era llegar un día antes para disfrutar de una noche de fogata y vino con los novios y con el nuevo astronauta. No pudimos haber decidido mejor, otra noche para el recuerdo, y ahora solo faltaba la cereza del pastel. A la mañana siguiente, recuerdo estar arreglándome ya que debía estar listo para las fotos con el resto de padrinos, y al salir a pedir ayuda con los tirantes, me quedé sin palabras. Estabas tan radiante y perfecta que no podía creer que eras mía, me sentía el hombre más afortunado, y cómo no, si tengo a la mujer más hermosa del mundo. Te pusiste ese vestido azul que parecía como si lo hubieran diseñado específicamente para que fueras la única en usarlo, y traías un brillo que nadie podría alcanzar. Sonreías y te puedo asegurar que no necesitaba nada más. En fin, creo que me desvié un poco. Emprendimos nuestro camino hacia el lugar de la ceremonia y el resto es historia. Otro fin de semana de ensueño se terminaba y ahora sí, era momento de descansar.

Hemos vivido tantas cosas, que no puedo creer que apenas estamos festejando nuestro primer aniversario. Pensar que solo salimos 3 semanas antes de que me dieras el sí, no sabíamos qué esperar, simplemente decidimos intentarlo y dejar que el destino hiciera su parte. Éramos dos personas completamente desconocidas, sin amigos o personas en común, pero pareciera como si nos conociéramos de toda la vida. Ha sido un viaje extraordinario, mucho más de lo que me hubiera imaginado, y solo puedo dar gracias a la vida y a Bumble por ponerte en mi camino. Apareciste para cambiarlo todo, a darle sentido a muchas cosas y a enseñarme que las cosas llegan cuando menos te las esperas. Llegaste a mostrarme que el amor verdadero existe, que cuando dos personas se aman tanto como nosotros, todo es posible. Espero este sea tan solo el primero de muchos años juntos, porque a tu lado me siento invencible. Brindo por nosotros, por lo vivido y por lo que está por venir. Te amo, Mariana Priego Kotasek, más de lo que jamás podrás imaginar.